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viernes, 28 de marzo de 2008

Oscar Natalio Bonavena






Que el tiempo pasa es algo trillado y que se asume, valga la paradoja, con el mismo paso del tiempo, sin embargo el verdadero problema no es que el tiempo pasa, sino lo que le pasa a uno con el tiempo. Y justamente con el paso del tiempo éste inigualable personaje, porque realmente fue y será un personaje único, fue despertando en mí mucho interés y quisiera compartirlo también con ustedes.
Hace más de treinta años, ¿treinta años? puff como pasa el tiempo jaja (leer arriba), exactamente el 22 de Mayo de 1976, Ross Bryner, enviado por Joe Comforte, le quitó la vida en Mustang Ranch, un cabaret de Reno, Nevada al exponente más grande del boxeo argentino de pesos pesados, junto a Luís Ángel Firpo, tras dispararle en el pecho con una escopeta a treinta metros de distancia. Aquel matón a sueldo mató a Oscar Natalio Bonavena, se llevó a “Ringo”, nos robó, bien digo, porque era bien nuestro, al Gigante de Parque Patricios, cuando tan solo tenía 33 años, alguien dirá rápida y estúpidamente ¡”La edad de Cristo”!. Lo que Ross Bryner, por orden de nadie, ni siquiera del mafioso Joe Comforte, nos puede arrebatar: es su recuerdo, el cual se adjunta con toda su historia. Una gran historia.
“Ringo” era un tipo de barrio, sentimental y bonachón. El argentino en su máxima expresión. Un típico argentino, pero “argento, argento de alma”: de raviolada los domingos al mediodía y a la tarde a la cancha a ver a Huracán, su Huracán, de su amado Parque Patricios. De la mano de su inmortal carisma marcó la historia del pugilismo nacional, fue ídolo popular y se transformó en un mito argentino, pese a no haber logrado nunca un título mundial (obtuvo dos argentinos y un sudamericano).Se enfrentó a fenómenos locales, como “Goyo” Peralta, al que venció por knockout en un Luna Park colmado y en su contra. Batalló con gigantes del mundo como Muhammad Alí, en un duelo que conmocionó al mundo entero, en el que buscó, peleó y luchó con su habitual “guapeza” frente a todo el Madison Square Garden."...El choque contra Muhammad Alí en el Madison de Nueva York, el 7 de diciembre de 1970. Los 79.3 puntos de rating de Canal 13 sólo fueron superados 20 años después por los 82 del partido Italia-Argentina del Mundial de 1990...”, Fragmento extraído de una nota de Horacio Pagani en el diario Clarín. Aquella inolvidable noche, Bonavena recibió una paliza pero guapeó, metió los golpes que pudo y aguantó estoicamente hasta el último round en el que cayó tres veces y se decretó el nocaut. También lo sufrió Joe Frazier, conocido como “El Rocky negro”, quien tras haber subestimado el duelo lo pudo vencer sólo por puntos. Frazier tocó la lona en dos oportunidades.Contra todo y todos se enfrentó por su país, el mismo que hoy a más de tres décadas de su partida, con orgullo, lo recuerda.
No fue solo un gran boxeador, ni mucho menos un personaje pintoresco. Quizás el emergente social de una época y parte de nuestra identidad. Al igual que en otros momentoslo fueron o lo son, Gardel, Evita, el Mono Gatica, Minguito, el Negro Olmedo, Rodrigo, Maradona y muchos, muchos otros, con diferencias y matices.Ringo Bonavena de Parque Patricios a New York. Quemero de ley. Nunca lo vamos a olvidar, y siempre, en algún rincón de la quema se oirá su canción, aquel himno, que lo perpetúa mas que su propia estatua: “somos del barrio, del barrio de la Quema, somos del barrio de Ringo Bonavena.


No tenía la mirada apacible, su hablar no era sereno ni su sombra reposada. Más bien era desvergonzado, picapleitos, machista y fanfarrón. Tampoco era lo que se dice comedido y serio. Más bien chiquilín y prepotente. Pero era bueno. Con todo lo que implica la palabra bondad. Un reo inculto. Un mersa. Un self-made-man. Un alborotador. Un impuro. Pero bueno. Y buen boxeador, quizá como pocos o ninguno. No sé si el mejor, porque tenía pié plano. No fue campeón del mundo por poco, pero estuvo cerca”.“Tenía una bocaza clara y transparente, hasta se animó a cantar el “Pío-pío” en la televisión. ¿Pero era él? Un poco era nosotros, o cachitos de nosotros, de los que no pudimos salir de Parque Patricios, de los que nunca pudimos pechearle a los de arriba, de los que jamás pudimos salvarnos para ninguna cosecha por más que hicimos fuerza. Por más que lo deseamos, no pudimos ni podremos”.“Seguro que cuando llegó allá arriba, con el pecho anegado de claveles rojos, San Pedro habrá querido sacarse una foto de recuerdo antes de llenarle la ficha celestial y hacerlo pasar a la bienaventuranza de un Paraíso lo más parecido a Las Vegas. Porque San Pedro -según dicen los chismosos serafines- es un poco cholulo y se desvive por los pescados grandes que de vez en cuando le manda La Parca. Y él, seguro, habrá bajado alardeando de la cupé Torino, no se habrá sacado los descomunales anteojos espejados ni el mersón sombrero texano, y le habrá gritado desenfadadamente, abriendo sus enormes brazotes de buenazo: “¡Pedrito viejo y peludo nomás!” Para estupor de la gilada que no nació en La Quema ni lo esperó el avión presidencial, por si ganaba”.Fragmentos de “Libro de Alabanzas”, de Horacio Sacco
Poema a RingoCómo voy a recordarte que no sea de esta maneraCon tu risa de atorrante, de atorrante pero buenaCon tu espalda de gigante, ancha como un mar sin treguay tu mano franca, franca para el pobre siempre abiertaComo voy a recordarte que no sea de esta maneraComo puedo imaginarte sin habano y sin galerasin domingos de ravioles amasados por la viejay después del beso tierno a ver al Globo en la Quema!!Cómo voy a recordarte que no sea de esta maneraSi un frío mayo, ahí tan frío como tu ausenciadiste duro tu gran pelea, la de la vida, la que no esperaCómo voy a recordarte que no sea de esta maneraQué sin vos Ringo, las calles están grises como nieblaSi un payaso tembloroso se acurruca en cada puertay la hinchada ya no canta ni la Quema está de fiesta.La tristeza creció tanto que me abraza como hiedraCómo voy a recordarte Ringo!! que no sea de esta manera.
Nota del Editor: Se Agradece a Martin Lebrante de http://deperfilconocelo.blogspot.com/ Por El Apoyo y Ayuda AL Blog. Estaremos Contando Con Sus Exelentes Articulos.

lunes, 3 de marzo de 2008

Locomotora Castro vs John David Jackson

Locomotora Castro vs John David Jackson


Por Vicente Clemente.

Un documento de consulta obligada para múltiples análisis sobre temas que hacen a la más reciente actualidad del boxeo. ¿Cuándo se debe decir "basta" en un combate de boxeo donde la disparidad ha tomado lugar de manera acentuada?. ¿Qué claves permiten a los referees resolver sobre las dudas entre continuar dando pases u optar por una intervención preventiva?. ¿Qué síntomas inconfundibles deberían atender las autoridades del boxeo, en aquellos boxeadores que acumulan castigo, con el fin de minimizarles los riesgos físicos de consecuencias (que les son inasibles en el fragor de la lid), pero sin relegarles del natural derecho deportivo a continuar la contienda y la búsqueda de la victoria?, ¿Cómo queda a resguardado el deporte, el espectáculo, la salud y el reconocimiento a los derechos adquiridos mediante trayectorias que a veces son brillantes? ¿Cómo se hace para no baldonar el sentido más tradicional de este deporte donde la guapeza y el esfuerzo bravío y temerario son la pieza central de su pathos y su drama?


Notas relacionadas:



Las Columnas de Carlos Irusta


..Hacia frio. Había llovido y al pisar el campo de beisbol sentíamos que la humedad subía por los zapatos. Era diciembre, y en Monterrey, bien al norte de México, se notaba más todavía. Un día antes, cuando se hacía el pesaje en el Crowne Plaza, nos enteramos de que por problemas de derechos, era posible que no se transmitiese a la Argentina. Sin embargo, todo se solucionó. Y el encuentro entre Jorge Castro y John David Jackson fue televisado con los relatos de Pablo Llonto. Esa noche, junto a Horacio Pagani, Jorge Fernández Gentile y un joven periodista de La Nación, enfilamos para la cancha de beisbol sin saber lo que nos esperaba. Pelearon Julio César Chávez, Tito Trinidad (con Oba Carr)... varias peleas importantes. Sólo que fue Castro quien se robó el show.Lastimado, sangrando, Castro vivió una pesadilla esa noche. Se limpiaba la sangre en la camisa de S. Christoudoulou, igual que hizo Galíndez cuando peleó con Kates. "Yo siento que al campeón se le debe dar una chance -nos diría el referí Sudafricano tiempo después-, pero ésta fue muy especial. Galíndez, después de todo, iba ganando la pelea y hasta casi la tenía controlada. Castro, en cambio, no podía con su alma. A pesar de todo, decidí otorgarle un asalto más.Y Jorge cambió la historia". Una mascara de sangre. Cortado en ambas cejas, en la parte inferior del labio, Castro avanzaba a ciegas. Llego el noveno round, el último según el referí. Castro que se hace el sentido, retrocediendo, Jackson que avanza, confiado, la derecha en cross que pasa de largo y, con el mismo envión del torso, la izquierda que impacta en la mandíbula. Cae Jackson. Se levanta. Volverá a caer y a levantarse. Volverá a caer, por última vez. Estalla el estadio, Castro festeja, los puños se crispan todavía hoy, pues aquella noche representa la victoria más dramática del boxeo argentino. Las manos, nerviosas, "piden cigarrillos" como decía Frascara. Y, tras la honda espiración, repetimos nuestra frase favorita: "Gracias, Dios mío: yo estuve allí..."